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El primer ordenador a bordo

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El primer ordenador a bordo

En 1969, las Mariner 6 y Mariner 7, con destino a Marte, se enfrentaron a una misión más ambiciosa que la de sus predecesoras, y que se benefició del avance de la informática. Ambas sondas llegarían al planeta rojo con menos de una semana de diferencia, y la idea era poder aprovechar la experiencia de la primera, para hacer mejoras y correcciones. Esto requería poder reprogramar los detalles de la misión, y las anteriores Mariner no eran programables.

Las Mariner 6 y 7 llevaron por primera vez un ordenador a bordo, de casi 12 kg, además del secuenciador electrónico de 5 kg usado en las anteriores Mariner, como reserva en caso de que el ordenador fallara.

El nuevo ordenador disponía de una memoria primitiva de núcleos magnéticos, o ferritas, de 128 posiciones de memoria, equivalentes a tan sólo 352 bytes.

Esta discrepancia en los números se debe a que la memoria de ese ordenador se organizaba en posiciones de 22 bits, en lugar de en 8 bits, como las memorias a las que estamos acostumbrados.


El ordenador de las Mariner 6 y 7

La memoria RAM del ordenador era tan reducida, que ni siquiera podría almacenar este párrafo de texto. Para almacenar el contenido de un pendrive de sólo un gigabyte, harían falta casi tres millones de esos ordenadores, y sin embargo era más que suficiente en el momento del lanzamiento. De hecho, las sondas despegaron con un programa que a penas ocupaba un 15% de esa diminuta memoria.

El ordenador era capaz de realizar sólo 37 sumas por segundo. Aunque era algo impresionante si se compara con un ser humano, desde la perspectiva actual es algo insignificante. Un ordenador Spectrum de 1984 podía hacer cientos de miles de ellas, y actualmente se cuentan por miles de millones.

 

Mandando ``archivos`` a través del espacio

Las comunicaciones mejoraron notablemente. Disponían de un transmisor de radio más potente, que unido a la construcción de una antena de 64 metros en Goldstone (California, EEUU) y el avance de la tecnología, lograron enviar datos a mucha mayor velocidad, pasando de unos limitadísimos 8,33 bits/s (en 1962), y 33,3 bits/s (1964), a unos fulgurantes 16.200 bits/s.

Las sondas disponían de cámaras de televisión, y parte de su misión consistió en el envío de hasta 59 primeros planos de Marte, entre ambas. Como no era posible retransmitirlas en tiempo real, a bordo de cada nave iba una cinta magnética (parecidas a las de los antiguos videos VHS, o casetes de música), que podía almacenar unos 24 megabytes para su posterior envío.

¡Dame corriente!

La sonda necesitaba unas seis veces más energía eléctrica que un ordenador portátil modesto. Para abastecerse en el espacio, disponía de cuatro paneles solares, que cerca de la Tierra generaban más del doble de la potencia necesaria, ya que al alejarse rumbo a Marte, el Sol va perdiendo brillo, y los paneles producen menos corriente.

Como reserva, la batería de a bordo tenía aproximadamente el doble de capacidad que la de un coche pequeño, y equivalente a unas 500 pilas recargables actuales.

 

Potencia eléctrica Generada en la Tierra

800W

Generada en Marte

450W

Requerida por la sonda

380W

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